10 de diciembre de 2023

Apalancado

Lo más coherente e incoherente del mundo

Opinión – ¿Cuál es el papel de la autocrítica en los movimientos sociales?

People hold up rainbow flags as they demonstrate during the lesbian, gay, bisexual and transgender (LGBT) Rainbow Pride Parade in Bratislava, Slovakia on June 28, 2014. AFP PHOTO/SAMUEL KUBANI (Photo credit should read SAMUEL KUBANI/AFP/Getty Images)

La semana pasada, escuchamos sobre las mujeres desalojadas del edificio de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ubicado en el centro histórico de la Ciudad de México, luego de ser tomado en septiembre de 2020 por colectivos de mujeres víctimas de violencia. Ante la noticia, las respuestas por parte tanto de colectivos feministas como del público general fueron variadas. Por un lado, acusaron a la CNDH y a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) de realizar un despliegue innecesario de casi 200 elementos de la policía para detener a sólo 3 mujeres, lo que, en el México feminicida, jamás hemos visto que se haga para con agresores, violadores o asesinos. Por otro lado, se aplaudían las acciones de la CNDH, celebrando que se recuperara ese espacio. Asimismo, también se escucharon comentarios de colectivos feministas que, aunque reprochaban la incoherente respuesta de las autoridades, afirmaban que ese espacio, a pesar de ser en sus inicios una casa de refugio, ya no era un espacio seguro. 

En relación con la noticia, mientras navegaba por TikTok, encontré un video de la usuaria Carolina Hernández (@carolhsolis) en el que abordaba el tema. En su tiktok, Carolina relata los hechos, enfatizando que, aunque las autoridades actuaron de forma irresponsable, no podía defenderse a las tres mujeres detenidas sólo por ser mujeres. La razón de su detención no radica en la ocupa del edificio de la CNDH, sino en su agresión hacia una transeúnte. Por ello, resalta la importancia de la autocrítica en todo movimiento sociopolítico. No podemos excusar la violencia sólo porque le agresore pueda pertenecer a un grupo vulnerable o una minoría. La falta de autocrítica puede conducirnos a permitir conductas destructivas que repliquen las estructuras patriarcales, coloniales y capitalistas que nos oprimen y violentan.

@carolhsolis

los feminismos deben ser cuestionados para evitar caer justo en eso contra lo que luchamos

♬ sonido original – Carolina

La reflexión de Carolina me llevó a pensar en otros ejemplos que podemos observar en la comunidad LGBTQ+. Por ello, me aventuro a preguntarme: ¿mi marginalidad me exime de perpetuar violencia sistémica? 

Al pensar en autocrítica dentro de la comunidad LGBTQ+, debemos considerar un factor fundamental: la interseccionalidad. Por interseccionalidad entenderemos, como señala la Asociación para los Derechos de la Mujer y el Desarrollo (AWID, por sus siglas en inglés), a la herramienta analítica para estudiar, entender y responder a las maneras en que el género se cruza con otras identidades y cómo estos cruces contribuyen a experiencias únicas de opresión y privilegio. El análisis interseccional parte de la teoría feminista y tiene como objetivo revelar las variadas identidades, exponer los diferentes tipos de discriminación y desventaja que se dan como consecuencia de la combinación de identidades. A pesar de que todas las personas dentro de la comunidad LGBTQ+ sufren de violencia estructural por existir fuera de la heteronorma, debemos comprender que, para ciertos grupos e individuos, existen otros niveles de opresión que intervienen en su plena libertad y expresión. Esta metodología nos permitirá nombrar e identificar las distintas estructuras de opresión y privilegio que convergen dentro de la comunidad LGBTQ+. Para delimitar nuestro análisis, me centraré en tres ejes principales de opresión: género, raza y nivel socioeconómico.

En cuanto a la opresión por cuestiones de género en la comunidad LGBTQ+, podemos identificar dos formas de violencia sistémica. En primer lugar, debemos señalar la violencia de género que sufren las mujeres lesbianas y las mujeres trans. Esta violencia se manifiesta a través de una invisibilización y cuestionamiento de su identidad y sexualidad. Ambos grupos sufren violencia de género institucionalizada por el sistema patriarcal. Asimismo, sus identidades son cuestionadas por no responder al mismo. En el caso de las mujeres lesbianas, se cuestiona que su orientación sexual no sea androcéntrica. Al subvertir el modelo patriarcal y no sentir ni expresar interés romántico o sexual por los hombres, las mujeres lesbianas se enfrentan a un sistema que no sólo busca invalidarlas, sino que las obliga a reconsiderar su propia identidad. Por su parte, las mujeres trans sufren de violencia patriarcal mediante el constante cuestionamiento e invalidación de su identidad. De manera similar, al tratarse de identidades que rechazan el androcentrismo, son víctimas de un patriarcado que las violenta por su simple existencia. 

Este tipo de violencia también la sufren otros colectivos género inconformes –personas no binarias, agénero, género filudo, entre muchas otras–, pues al disidir del constructo patriarcal que es el género, son invalidadas sus identidades. Asimismo, otros grupos como los hombres gay, las personas bisexuales, pansexuales y los hombres trans también son afectados por el patriarcado. Aunque los hombres dentro de la comunidad LGBTQ+ no sufren el mismo tipo de opresión ni de violencia que las mujeres, también responden a las mismas limitantes que establece el sistema patriarcal. Toda conducta que desafía la visión androcéntrica y heteronormada que el patriarcado impone, es perseguida. Por ello, al analizar las luchas particulares de cada grupo dentro de la comunidad LGBTQ+, el patriarcado debe figurar entre las principales fuentes de violencia y opresión.

Respecto a la opresión por causas raciales, tenemos que señalar el latente racismo dentro de la comunidad. En México, como ya lo he explorado en otras ocasiones, la blanquitud se privilegia. Por ello, no es de sorprenderse encontrar manifestaciones de racismo y colorismo dentro de la comunidad LGBTQ+ mexicana. Dada la institucionalizada violencia racial, la experiencia queer de una persona blanca no enfrentará los mismos prejuicios, opresiones y obstáculos que una persona morena o negra. Este racismo en la comunidad ha llevado a generar un ambiente hostil para personas queer no blancas, lo que ha contribuido a la marginalidad de las experiencias LGBTQ+ racializadas. Las parejas queer blancas se han tomado como el modelo mediante el cual la sociedad se ha aproximado a la comunidad LGBTQ+. Por ello, se han adoptado ideas y constructos coloniales en la concepción popular de la experiencia queer, lo que contribuye a la confinación de las personas queer racializadas a la marginalidad e invisibilización.

Finalmente, en torno a la opresión socioeconómica, debemos recordar que en nuestro país existe una marcada brecha entre el proletariado y la burguesía. La afluencia suele acompañar al privilegio blanco, por lo que la opresión económica responde tanto a ideologías coloniales como capitalistas. Este tipo de violencia económica sistemática recae principalmente en el acceso al trabajo digno. La falta de oportunidades y de espacios laborales incluyentes y seguros para personas queer nace de un sistema capitalista y heteronormativo que excluye y recrimina todas aquellas conductas e ideologías que no responden a sus intereses de productividad. Las mujeres trans y los hombres gay, por ejemplo, suelen verse orillades a condiciones y trabajos desfavorables, principalmente la prostitución. Asimismo, las personas queer se ven obligadas por el sistema capitalista a presentarse de manera moderada y “aceptable” para la sociedad heteronormada. De este modo, para este sistema, la experiencia queer no es más que un producto del que las empresas se lucran, creando y perpetuando estereotipos dañinos para la comunidad que reflejan la versión heteronormada de lo que significa ser queer.

Ahora, ¿qué nos dicen estos sistemas de opresión y privilegio acerca de la propia comunidad LGBTQ+? Habiendo explorado las distintas esferas de privilegio y opresión, podemos identificar un grupo en particular que se exenta de la mayoría de éstas: los hombres gay blancos. Al verse afectados por sólo uno o dos tipos de violencia sistémica –por orientación sexual y, en el caso de los gays afeminados, por el patriarcado–, su experiencia resulta radicalmente distinta a la del resto de la comunidad LGBTQ+. Este nivel de privilegio suele acompañarse de una ignorancia que poco a poco se torna problemática. Al no ser víctimas de otros tipos de violencia sistémica –el racismo, el colorismo, la violencia de género, la violencia económica–, los gays blancos tienden a replicar con mayor facilidad estas estructuras de opresión, pues ellos mismos se benefician de los mismos. De igual forma, la imagen del hombre gay blanco resuena mejor con los intereses de nuestra sociedad patriarcal y colonial, por lo que se ha popularizado como una especie de símbolo de toda la comunidad. ¿Cuántas veces hemos escuchado que se nombre a la comunidad LGBTQ+ como la comunidad gay? ¿Cuántas veces no se ha referido a las mujeres lesbianas como mujeres gay? ¿Cuántas veces no se ha privilegiado en los medios de comunicación este modelo de hombre gay como representante de la comunidad entera? El hombre gay blanco se ha convertido en la portada del movimiento porque es lo que al patriarcado, al capitalismo y a las ideas coloniales y supremacistas les conviene; por lo que también se conoce como gays hegemónicos.

Aquí radica la importancia de nuestra autocrítica. Debemos cuestionar nuestros posicionamientos y las ideologías que permitimos dentro de nuestra comunidad. Aunque el lema de la comunidad LGBTQ+ sea la inclusión, no podemos admitir cualquier pensamiento o discurso sólo por nacer de una experiencia queer. Hemos de señalar las fallas en los discursos que dan cabida a conductas y estructuras que histórica y sistemáticamente nos han oprimido, marginado e invisibilizado. Debemos recordar que ser víctimas de violencia sistémica no significa que no podamos perpetuar otras estructuras de opresión. Debemos considerar desde un análisis interseccional nuestra posición en los sistemas de opresión y privilegio. Es hora de preguntarnos: ¿qué estructuras me oprimen a mí? ¿Cómo contribuyo a la opresión de otres? ¿Cómo me beneficio de estas estructuras? Es a través de la autocrítica que podremos dar pasos firmes y significativos en la lucha perpetua contra los sistemas que nos oprimen. Por lo tanto, debemos cuestionarnos entre sí. ¿Por qué permitimos que los gays hegemónicos sean quienes acaparan los reflectores? ¿Por qué permitimos discursos transfóbicos dentro de nuestra propia comunidad? ¿Por qué seguimos perpetuando estos sistemas? Te invito a ti, lectore, a comenzar con esta exploración de nuestro lugar en la sociedad y en las estructuras de poder y privilegio. Es tiempo de hacer preguntas y de alzar nuestra voz. Cuestionarnos es el primer paso para revolucionar y desmantelar el sistema.

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Esta entrada forma parte de “Preguntas de une chique queer”, una columna que cuestiona tendencias escrita por nuestre periodista Alex Reséndiz.

Les invitamos a seguir su trabajo en las secciones de Movimientos Sociales y Política Nacional, así como a dar click en la etiqueta “PreguntasDeUneChiqueQueer” al final de esta nota para leer más entradas de la columna.

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